Mi?rcoles, 15 de julio de 2009

14-07-2009

Parto de la base de que repudio la forma en que fue “invitado a ausentarse” de su
país, al presidente electo de Honduras, Manuel Zelaya.

He seguido con preocupante atención, los acontecimientos ocurridos en aquel querido país centroamericano desde que saltó la noticia del derrocamiento de Zelaya aquel 28 de Junio, es decir hace dieciséis días.

Digo querido, porque todos los que hemos servido en Honduras, queremos a sus gentes, conocemos sus problemas, constantemente intentamos ponernos en su piel, para comprenderlos a través de sus propios parámetros sociales y políticos, no a través de los nuestros.

A Toncontín, el aeropuerto de Tegucigalpa, llegó a finales de 1989 el General español Agustín Quesada con el embrión de lo que sería ONUCA, la Misión de Naciones Unidas para Centroamérica, que concurrió al final de la guerra de Nicaragua entre sandinistas y “contras” y en la que servimos muchos españoles. ¿Por qué en Honduras? Porque en sus bordes fronterizos, en los llamados “bolsones”, zonas en aquel entonces aún en litigio, se ubicaban los santuarios de los contrarrevolucionarios, dotados de armas y apoyos norteamericanos. Estos días se ha vuelto a hablar de Palmerola, la antigua base norteamericana ubicada en suelo hondureño, de tanta influencia en su política en los últimos decenios.

Servimos en Danlí, en Trojes -su Instituto llevaba el nombre de Alfonso XIII por una mediación española en aquellos límites- en la Kiatara en plena Moskitia. Luego se daría el salto de la desmovilización final al propio territorio nicaragüense.

A Honduras volvimos soldados y marinos españoles en 1998 con motivo de los desastres naturales causados por el Mitch. El buque “Galicia” recién alistado, proporcionó ayuda humanitaria impagable en todas las zonas de la costa y no solo de la hondureña. Los ingenieros del Ejército repusieron, con el último puente de reserva que quedaba en parque, el puente fronterizo de Guasaule entre Honduras y Nicaragua. Los anteriores se habían dejado en el País Vasco y en Túnez. No fue fácil convencer al Ministerio de Hacienda para que sufragase con cargo al capítulo de misiones en el exterior, dicho puente.

Con certificado de reconocido respeto y afecto hacia el país, “nos atrevemos a decir” que si todos los esfuerzos realizados ahora por la ONU, la OEA, incluidos los EEUU y Europa, se hubiesen realizado antes, ahora no nos encontraríamos con la difícil tesitura creada por este golpe mixto. ¿Cuántos embajadores están acreditados en Tegucigalpa? ¿Cuántos delegados de Organizaciones Internacionales? ¿Cuántos observadores, investigadores, servicios de inteligencia? ¿Todos se enteraron por la CNN de lo ocurrido?

Ya nos lo decía el premio Nobel, Ivo Andric, cuando nos enseñó a conocer y comprender algo de su Yugoslavia natal, en “Un puente sobre el rio Drina”: “la más deplorable y mas trágica de todas las debilidades humanas, reside indudablemente en una incapacidad total de prever, incapacidad que está en marcada contradicción, con tantos dones, conocimientos y artes”

Hay un mal, entroncado en las sociedades políticas americanas, que es necesario atajar, no a golpe de tanquetas sino a golpe de leyes y de opinión pública: es la tendencia de sus gobernantes a perpetuarse en el poder. Miren alrededor de Tegucigalpa. ¿Qué pretenden en Caracas, en La Habana, en Quito, incluso hay tentaciones en Bogotá? Y la base de este interés por perpetuarse en el poder, procede de otra atrofia política. La de considerar el poder como propiedad, no como servicio temporal prestado a la comunidad que un día depositó su confianza en el elegido.

No seré yo quien de fórmulas mágicas para resolver el entuerto hondureño. Pero no sería malo que el próximo sábado 18 o el domingo 19, cuando se reanuden las mediaciones, esta vez bajo el auspicio y prestigio del presidente de Costa Rica Oscar Arias, alguien recordase que las Constituciones están hechas para respetarlas, no para cambiarlas al capricho de quien gobierne; que las alternancias son sanas, que las oportunidades para todos son licitas, que el poder es servir, no es una propiedad con derecho a pernada.

Porque cuando fallan estos resortes, saltan los fusibles. Y todos nos rasgamos las vestiduras, como buenos fariseos. Incluidos los embajadores, delegados y comisionados internacionales ubicados en los exclusivos barrios residenciales de Tegucigalpa. Para las manifestaciones en Toncontin, para los enfrentamientos con la policía, siempre se encontrará clientela en los barrios marginales.


Publicado por ihospital @ 16:36
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