Viernes, 17 de julio de 2009

 

IMPORTANTES Y ENTRAÑABLES LEGADOS  MEDICOS.

Gracias a Dios ya no son nuevos para nosotros. Los materiales de nuestras salas dedicadas a la medicina tienen nombres y apellidos muy cercanos a nosotros: Pablo Mir, Bernardo Sampol, Echevarria, Apellaniz, Cuadra, Vicente Roca, Osuna. Sus familias nos hicieron llegar parte de lo que formó el cuerpo de una profesión vocacional: sus instrumentos de trabajo.

Ahora nos llega de Palma, de la mano de otro médico, nuestro entrañable y activo Miguel Timoner, el legado de dos dermatólogos de prestigio, los doctores Gabriel Sampol y Antonio Ramis. A las familias Galmés Sampol y Ramis Vidal, nuestro agradecimiento. Un miembro de esta última saga, José Luis, continúa la labor de su padre en Barcelona donde ejerce de dermatólogo con reconocido prestigio

El inventario de lo recibido es impresionante, especialmente porque nos sitúa en la medicina de los años treinta y posteriores, en momentos en que la diatermia, los rayos ultravioleta, la luz solar, los rayos X, la endoscopia, comenzaban su andadura.

 importante, además, porque junto a los aparatos aparecen las normas de funcionamiento y manuales técnicos. Hay una “descripción de un aparato pulverizador para duchas de vapor” junto a la descripción de una lámpara “Gallois” para baños generales de luz ultravioleta a domicilio” fabricada por SICE Electromedicina, o un aparato portátil de “Rayos X Sánchez y Alta Frecuencia” (sic) construido en el Laboratorio Eléctrico Sánchez de Piedrabuena, Ciudad Real. ¡Alta tecnología alemana en corrientes de alta frecuencia, efluviación, fulgaración, cauterización, autocondensación e inhalaciones de ozono, en un pueblo manchego!

Todo llegó al viejo Hospital de la Isla del Rey.

Junto a dos aparatos portátiles de rayos X, un universtato para galvanización, una lámpara de luz de cuarzo, otra de luz ultravioleta, un aparato de diatermia, otro de aplicación de dióxido de carbono, dos autoclaves en magnífico estado, cuatro cajas de instrumental, electrodos, transformadores, accesorios para corrientes galvánicas y farádicas, medios de sutura, etc. etc.

Todo en relativo buen estado para exponer, no desde luego apara usar. No sufran las clínicas privadas, porque no trabajamos para hacerles la competencia. Habrá que recomponer sistemas eléctricos  y esperamos que el veterano D. Rafael Saura lo  consiga. Hay que restaurar cableado eléctrico de algodón y de goma. Además hay que ,lijar, desoxidar, limpiar. Son máquinas, que en su momento fueron lo último en tecnología médica, pero que tienen  cerca de cien años.

No obstante, aparece el mismo ser humano de hoy. Aquellas máquinas según los prospectos que las acompañan, servían tanto para reafirmar pechos, como para salvar caídas de cabello o quitar unos quilos de más. Como en cualquier “corporación” moderna. Por supuesto, además, servían para quitar verrugas, fístulas, e  incluso se dan instrucciones  para tratamientos de la tuberculosis.

Pero si importante es  para nosotros y para nuestro proyecto todo el material, mas lo es, el haber entrado en la vida, en el alma, de los propios médicos. Vienen cartas científicas, consultas a un viejo profesor – el Dr. Manuel Serés, Catedrático de Medicina - recién llegado de unas prácticas de dos años realizadas en Paris; la comida de despedida de los alumnos de la Facultad de Medicina de Zaragoza a sus profesores firmada en Marzo de 1936, que sorprende por la cantidad de platos, selección de postres y vinos anunciada en la carta del menú; facturas, cartas comerciales.

Un detalle humano muy  significativo para nosotros. En un cajón de trabajo, junto a herramientas engrasadas, electrodos rotos, fusibles sin hilo, aparecieron tres cigarros puros que nosotros llamamos “caliqueños”, quizás porque venían de Cali. Los guardaremos, formando parte del legado de “nuestros” médicos, como también guardamos las fotos de nuestro Dr. Sampol, Bernardo, operando con el cigarro entre los labios o sostenido por la monja que le asiste

 Por último, hay algo que   llama especialmente la atención: el contenido de los maletines de urgencia. Algún médico de hoy – quizás los que trabajan muy cerca de nosotros como Antonio Olives, el bueno del Dr. Solé o incluso Alfonso Ballesteros - sonreirán al leer el inventario de recursos de emergencia que pudieron usar. Otros tendrán que traducirnos a los mortales, para que se empleaba cada medicamento. Hay inyectables de Sulfato de Estricnina y de Esparteina; Aceite Alcanforado al 20%; Cardiazol al 10%; Adrenalina; Nitrato de Anilo; Morfina Clorhídrica del Dr. Pages Maruny; Canfolic una solución acuosa de canfocarbonato amoniaco sustitutiva del aceite de alcanfor; tabletas de cloruro de Papaverina procedentes del  Laboratorio y Parque de Farmacia Militar de Calatayud.

Todo un muestrario para responder a emergencias, pensado solo en salvar vidas, guardado celosamente, no solo próximo, sino inmediato a las manos del doctor.

Este material nos invita, nos obliga a redefinir nuestras salas. Pensamos ya seriamente en dedicar una sala, solo a  electromedicina. Si conseguimos integrar esfuerzos del Colegio de Médicos de Baleares - el Dr. Gual siempre nos ha ayudado - , de la Real Academia de Medicina que preside Alfonso Ballesteros, de la Dirección General de Investigación del Govern con Pere Oliver al frente, la radióloga Mercedes Cuadra y el propio cirujano Miguel Timoner, podrán diseñar y dirigir la creación de la nueva sala. ¡Concédannos tres meses!

¡Bienvenidos doctores Ramis y Sampol a nuestro viejo y a la vez joven Hospital de la Isla del Rey!!

Luis Alejandre

Mahon 15 de julio 2009

 


Publicado por ihospital @ 23:19
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