Jueves, 14 de enero de 2021

Capitán Bob Radford

noviembre 29th, 2020

Nadie puede negar que entre los muchos voluntarios de la Isla del Rey existe una gran variedad de antecedentes y experiencias de vida. Por no mencionar la mezcla de nacionalidades y religiones; lo que hace que sea una experiencia enriquecedora conocer a algunas de estas personas desinteresadas que voluntariamente renuncian a sus mañanas de domingo para ayudarnos. Hay una persona en particular que merece una mención especial. Conocí a Bob Radford hace unos 40 años cuando era el propietario de la Escuela de Vela del Club S’Algar, que enseñaba a navegar y ofrecía alquiler de yates durante los meses de verano. Recuerdo haber conocido a un caballero inglés alto y guapo, cuya forma de hablar en voz baja y calma escondío la fuerza de carácter que iba a demostrar durante su vida aventurera.

La vida en el mar comenzó para él a la tierna edad de 13 años, en el HMS Conway, un barco escuela para cadetes navales, similar al Juan Sebastián Elcano que vemos ocasionalmente en el puerto de Mahón. Desde aquellos primeros días y durante los siguientes 62 años de su larga y azarosa vida laboral, Bob nunca se ha alejado del mar. A los 75 años, cuando finalmente se retiró, su carrera culminó siendo uno de los pocos capitanes superiores llamados a mover las gigantescas plataformas petrolíferas alrededor de los océanos del mundo.

Esta vida de navegación por todo el mundo le ha dado muchas y variadas experiencias, primero en buques de carga, seguido de abastecimiento, manejo de anclajes de buques AHTS, remolcadores de salvamento a las plataformas petrolíferas, operaciones complicadas en el mejor de los casos pero en las difíciles condiciones de los océanos del mundo y los patrones climáticos un verdadero desafío. Mientras estaba basado en Singapur en 1994, fue el Maestro de Salvamento de «Sal-Vanguard», el remolcador más grande y poderoso del mundo, una posición en la que arriesgar la vida estaba a la orden del día, podía ser enviado urgentemente a cualquier emergencia como un petrolero en llamas o un barco que se hubiera perforado en una colisión. Como capitán, su deber era ser el primero en subir a bordo del buque siniestrado para evaluar los daños y decidir si era seguro enviar a su tripulación a bordo para instalar bombas y colocar cables de remolque.

Tal vez su contrato más glamoroso fue el de capitán del superyate más grande del mundo en ese momento, el «Princesa Tanya». No se ajustaba en absoluto a su estilo de trabajo habitual, pero fue una experiencia que resultó interesante cuando había algunas celebridades famosas a bordo como Roger Moore y Louis Jordan, y navegar un superyate proporcionaba unos desafíos diferentes tanto con pasajeros multimillonarios, como con amarres no hechos para yates de este tamaño en puertos como San Tropia y Porto Fino.

Las habilidades profesionales de Bob y su reputación como un capitán estricto y disciplinado dieron como resultado que Noble Denton de Dubai le ofreciera una posición de Rig Mover, un trabajo ligeramente menos peligroso que el salvamento, pero con enormes responsabilidades. Estos plataformas petroleros necesitan ser reubicados de vez en cuando alrededor de los océanos, pero a diferencia de un superyate, sólo se mueven a una velocidad de 3/4 nudos, y podrían necesitar hasta 4 remolcadores para lograrlo. Hasta 8 anclas gigantes con un peso de 16 a 25 toneladas cada una tendrían que ser posicionadas con una precisión de mas o menos 1 metro en el fondo del mar en su nuevo destino. En 2013, al mover una plataforma petrolero en aguas vietnamitas, se enfrentaba al tifón más poderoso y más grande del mundo, el «Haiyan». A pesar de las fuertes protestas de los compañia propietaria de la plataforma, hizo salir a toda la tripulación no esencial y se dirigío hacia el sur a través del Mar de China luchando con los remolcadores para mantener la plataforma lo más lejos posible de la inminente devastación. Tuvo éxito, pero le llevó una semana (y 750.000 dólares) para volver a su posición original. Es a su favor que Bob siempre ha puesto la seguridad en primer lugar, y nunca ha tenido ninguna lesión a su tripulación ni sufrido ningun accidente con un buque.

Inevitablemente, la vida en el mar significa largos meses fuera de casa, pero su familia con tres hijos le proporcionó una base sólida en este trabajo a menudo solitario. Una vida familiar que no fue sin una dura tragedia personal con la pérdida de un hijo pequeño. Cuando no estaba en el mar, siempre estaba activo con muchas actividades deportivas tanto en tierra, mar y aire, pero su pasatiempo favorito, (no es de extrañar), era la navegación, y sus yates personales han proporcionado relajación y mucho placer tanto con la navegación de larga distancia como con la local. El último de sus yates, «Between the Sheets Finally», zarpó en 2016 con amigos de Menorca a través de las Islas Canarias, Cabo Verde, cruzando el Atlántico hasta Sant Lucia.

Hoy en día, su vida es un poco más tranquila que antes, y está dividida entre Estados Unidos, donde dos de sus tres hijos viven con sus nietos, el Reino Unido, donde vive una hija, y un nieto que ha heredado su pasión por los viajes. Menorca, sin embargo, sigue siendo su lugar favorito en el mundo, donde le encanta pasar varios meses en su apartamento de Es Castell. En el 2017 Bob sufrió una terrible caída, que le causó una fractura de cuello y una parálisis parcial del lado izquierdo, pero a pesar de los pronósticos médicos y gracias a los meses de rehabilitación, sorprendió a los médicos estadounidenses con su recuperación, en gran parte gracias a una férrea determinación para mantener su independencia y movilidad. Continúa viviendo con el mismo espíritu que ha marcado su vida aventurera. Es posible que lo veas andar en su Triciclo Americano por las carreteras entre Es Castell y Mahón, seguramente el único con una bandera de minusválidos en la parte de atrás.

Su lema es: «¡Si las cosas te van mal, tienes que levantarte y volver a empezar!» Estamos orgullosos de ti Bob, sigues siendo un espléndido ejemplo para todos nosotros.

Beverly Ward

Agente inmobiliaria jubilada

Lo que nace en Menorca regresa a Menorca

noviembre 29th, 2020

Durante años la isla del Rey fue para mí un lugar mágico y vacío. Toda mi aproximación a ella no pasaba de algunas lecturas accidentales sobre su pasado hasta que el destino quiso que Eduardo Serra, de paso por Menorca, viniera un día a cenar a casa.

Durante la velada me comentó que Luis Alejandre le había invitado a visitar esa pequeña isla a la mañana siguiente y que si me apetecía apuntarme. Por supuesto, acepté encantado.

La experiencia superó con mucho todas mis expectativas. Pero no tanto por el lugar, ya de por sí impresionante, como por el empeño de todos los voluntarios que trabajaban en la restauración del hospital y su entorno.

Ofrecerse voluntario para cualquier misión siempre es un acto heroico. Pero hacerlo todas las semanas contra viento y marea (en el sentido literal de la frase) sobrepasa todo lo imaginable. En especial cuando se trata, como es el caso, de una recuperación lenta y compleja.

Desde aquella visita mi deseo fue el de contribuir en el proyecto aunque fuera de una forma más pasiva y anecdótica.

La oportunidad surgió años más tarde, en Berlín, visitando Stiche Düssel, una tienda de grabados antiguos en la que me tropecé con uno del puerto de Mahón fechado en 1756

Se trataba de una doble ilustración del puerto visto desde el norte y el noreste. Pero lo más interesante es que en la base de las mismas figuraba la casa que imprimió la obra: “A Paris chez le Rouge rue des grands Agustines”.

Entonces fue cuando traté de imaginar las vicisitudes que esa obra habría atravesado para nacer en Menorca, viajar a París y terminar en Berlín.

¿Terminar en Berlín? Sin duda el azar me había llevado hasta el número 53 de Charlottestrasse para ser la mano que cerrara el círculo que comenzó el año de la batalla de Menorca que propició la breve dominación francesa y que debería concluir en el mismo lugar. Más concretamente, en la isla del Rey como homenaje y agradecimiento a todos los voluntarios que contribuyen a su recuperación.

Recuperar es una palabra hermosa, porque nos refiere a devolverle el valor a algo que ya lo tuvo. Pero recuperar esta obra para nuestra isla es algo distinto. Tiene cierto aire de viaje homérico en el que, tras 264 años de periplo, el grabado regresa al lugar que le corresponde. A su propia isla.

Miguel Ángel Furones

Presidente de Honor de Publicis Grup España


Publicado por ihospital @ 12:40
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